lunes, 12 de julio de 2010

6-Cuento jot

sus miradas se cruzaron en el vagón del tren cuando femeninos y azules ojos hicieron combustionar su deseo. La encontró sentada al lado de una monja, en la última fila donde un vagón parece meterse de prepo dentro de otro.
Imaginó que tono tendría ella para gemir, si podría mantener esos luceros abiertos y si las facciones de la cara se transformaría violentamente al ponerle el primer dedo encima.
Su carne sería firme, la piel receptiva de caricias le quemaría sus manos? Como huele una mujer cuando solo quiere que se la cojan?

Se miraron mucho, demasiado, mientras él se tapaba con la mochila el bajo vientre, ella lo miraba y se inquietaba. Rubios rizos caían sobre sus cachetes a esta altura en llamas.
Con su cuaderno de apuntes abanicaba la hoguera, ¡que ilusa intentar apagar el fuego del mismísimo infierno!
La monjita a su lado transpiraba de tanta calentura, el vagón parecía un horno siderúrgico, los rieles a esta altura deberían ser un reguero de acero derretido entre los durmientes.

El creyó caminar hacia ella, tomándola del brazo con firmeza y juntos fueron en silencio hacia la cola del vagón.
La monja los miró de reojo ,con un pañuelo en la mano se seco la transpiración y la otra se la llevo bajo la cartera, sobre su falda, como buscando algo. No dejo de besar el crucifijo y persignarse.

Poco les interesaba a ellos la gente, se metieron en un cuarto y empezaron a amasijarse al compás del traqueteo que generaban las ruedas sobre los rieles.
Le pasaba la lengua por los pezones, de uno iba al otro y volvía en un frenético paseo.
Ella con su cabeza tirada hacia atrás le dejaba el torso despojado de voluntad, entregada completamente al ritual de la saliva caliente que se derramaba sobre sus colmenas.
La putita no gemía, con un respirar cada vez mas agitado se mordía los labios que solo separaba para humedecerlos con la lengua, se estremecía y si el no la sostenía con un brazo por detrás firmemente tomada de la cintura, parecía querer flamear por la ventana como una bandera deshilachada.
El joven paño no se volaba porque el estaba a punto de estaquearla.
Le levanto la pollera y suavemente empezó a deslizarle un dedo entre medio de su almeja, sobre una tanguita blanca que ya parecía querer desbordarse de tanta humedad.
Amagaba introducirle la punta de un dedo pero se quedaba a medio camino. Ella se agachaba un poco mas pero el retiraba la mano hacia atrás. Así sucesivas veces como un ritual repetido, las caricias, el intento de estacionarle un dedo, y luego la retirada. La nena no aguanto mas, le saco la mano y busco su cinturón, se lo aflojo bajándole la bragueta , metió la mano en su pantalón hurgando en búsqueda de su verga. Apenas la tuvo en su mano la apretó y se la llevo a la boca. Empezó a chuparla como sedienta.

Él sentía una mezcla de locura, dolor y placer, el ritmo era cada vez mas acelerado y se estaba por ir. La tomó del pelo y la puso de pie, poniéndola de espaldas con una mano mientras que con la otra la presionó en la cintura y la hizo agachar. Ella se reposo contra el marco de la ventana y quedando la cabeza afuera. Ahí nomás le corrió la tirita y se la puso se una.
Un cana que dirigía el transito en un paso a nivel contempló la escena y toco el silbato.
Porque no se habrá metido el pito en el orto pensó, ella. El pibe siguió con su faena, cada vez dándole más rápido y ella girando la cabeza, mirándolo y sonriendo.
Gritaba, le movía la cola y pedía más y más.


No es lo mismo que me cojo en casa, pensó él.

Un estero repleto de flamencos rosados, algunos revolviendo con su pico el agua, otros aseándose las plumas. Algunos patos que nadaban con sus pollitos en una prolija fila y el croar de las ranas en la orilla. De repente un estampido, la excitación generalizada y todas las aves volando como una onda expansiva.

El tren se detuvo, él levanto la mirada como saliendo del trance , busco con sus ojos el asiento donde su partenaire estaba sentada y la encontró dormida. La monja lo miraba con cara que parecía mezcla de bronca pero libidinosa .
Bajo en la estación un poco tarde, apurando el paso y evitando las puertas que se cerraban sobre el.
Camino unos pasos, dejo su mochila sobre un banco, prendió un faso y se dio cuenta que jamás le toco un pelo.
El tren ya marchaba.

2 comentarios:

  1. Por Dios!! que caliente!!
    Yo te vi en un tren... y no pude ni siquiera decir hola, decía una canción... ja
    Besoss al autor o autora

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  2. Este es el que más me gustó. Lo voto

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